Hacer acontecer requiere despertar un nivel mayor de concientización del estado actual del individuo y su entorno, para llegar a la conclusión de que son únicamente las acciones del individuo en el presente las que abren paso para que éste pueda evolucionar día con día y abrir así la posibilidad para un mejor mañana. El futuro, después de todo, es tan sólo una noción producto de la posible acumulación del esfuerzo de momentos presentes extrapolados en el tiempo.
A través de un estado enaltecido de conciencia propia, interna y para con el entorno, se abren canales de discusión y de análisis, cuyo objetivo debería ser la aceptación del ser como individuo y en su medio ambiente. Éste es un proceso continuo, sujeto a cambios de significación por crecimiento humano.

Una vez alcanzada la aceptación propia, se llega al primer estado de plenitud: Saber Ser.
Esto implica vivir en sociedad espiritual, entendida como la conjunción armoniosa tanto de cuerpo, como de alma y mente, al igual que entender y aceptar respetar el derecho de otros de ser.
La aceptación lleva al individuo a una mejor integración de sus múltiples fases y roles como ser. Esto genera una mayor disposición con su medio ambiente, provocando más acercamiento y convivencia, más libre y alegre con los demás. De esta forma se llega al segundo estado de plenitud: Saber Estar, lo cual conlleva estar en sociedad con los demás y con el entorno.
Escoger llegar a estos estados representa además una apertura de visión sobre el ser y su contexto físico. Saber Ser y Saber Estar liberan al individuo de presiones mundanas y del sufrimiento que éstas pueden llegar a causar, ya que la felicidad y la armonía del individuo dependen únicamente de él. Es el individuo entonces, quien se convierte en estímulo suficiente, independiente de estímulos externos, libre de la imposición de la conciencia colectiva en la sociedad urbana, sus normas y códigos. Es el individuo quien tiene el poder de la resignificación de su entorno.